viernes, 17 de febrero de 2012

Odio, fascinación e indiferencia. Mª José Martínez abre la tertulia dedicada al relato "Bienvenido, Bob" de J.C. Onetti

Con la intención de seguir investigando ese sentimiento tan complejo que es el odio, tenemos hoy ante nosotros un oscuro relato de Onetti en el que éste es el tema principal. Pero como el odio es algo tan complejo y suele ir acompañado de otros sentimientos, a veces muy ocultos, lo veremos aquí íntimamente unido a la fascinación y la indiferencia, de tal forma que es casi imposible de separar. Así es como lo ha conseguido Onetti con su relato intencionadamente velado. Y como ya conocemos la historia, me he servido de algunas frases para tomar conciencia de varias cosas. La primera es la llamativa puesta en escena, y la segunda, subrayar una palabra clave. La frase, algo resumida, es la que sigue: 



“Pero ni la actitud ni la mirada de Bob mostraban ninguna alteración, hiciera yo lo que hiciera. Sólo recuerdo esto como prueba de que él anotaba mis comedias en la cantina. Tenía un impermeable cerrado y me saludó moviendo la cabeza; miró alrededor y avanzó en la habitación como si me hubiera suprimido: lo vi moverse dando vueltas a la mesa, sobre la alfombra... Tocó una flor con un dedo, se sentó en el borde de la mesa y se puso a fumar mirando el florero, el sereno perfil puesto hacia mí, un poco inclinado, flojo y pensativo. Imprudentemente –yo estaba de pie recostado contra el piano- empujé con mi mano izquierda una tecla grave y quedé ya obligado a repetir el sonido cada tres segundos”. 

Y algo más adelante, 


“....y la profunda nota que hacía renacer mi dedo...era la única palabra pordiosera con que podía pedir tolerancia y comprensión a su juventud implacable”. 



Como veis, la puesta en escena está muy cuidada. Parece ser que en el momento de la frase estaban en la casa de Inés, y quiero destacar que la palabra clave que os decía, la palabra “comedia”. Comedia o representación por parte del chico enamorado. Y si el complejísimo odio es el tema principal, el segundo tema sería la fascinación de éste, por el personaje que precisamente tiene el poder, Bob, que en cierto modo va unido al valor de la juventud. Ésta es tomada como disculpa para no conceder al pretendiente la mano de su hermana. 

Y a la vista de todo esto me pregunto dos cosas: ¿De verdad el protagonista quería a Inés? ¿Bob deseaba a su querida hermana? 

Veo en el relato dos partes separadas entre sí por la oscura petición sin palabras o con palabra oculta por el deseo adivinado del protagonista que quiere casarse con Inés. En la primera parte hay una fascinación y un odio tibio y en la segunda hay otro odio, que sigue siendo tibio por falta de un puñetazo, seguido de una rara convivencia entre los dos hombres ya inmersos en lo real. Los dos personajes parecen moverse en el relato como en una Película del Oeste. Ellos se miran, se observan y calculan sus fuerzas. El pretendiente no hace nada por agradar a la chica, más bien hace todo por gustarle a su hermano, y en un momento dado Bob cambia de estrategia, o sea, cambia el revolver de mano y tumba al otro. Pero como esto era una comedia, los dos siguen vivos y frecuentando la cantina del club. Lo harán a diario, entre humo, wisky y monedas de a diez para echar en la máquina de discos. Esta es la realidad que los envuelve. No hay otra. Y como el relato está cuajado de frases que no tienen desperdicio, me refiero a otras dos que, unidas entre sí, constatan algunas cosas muy serias, como éstas:. 

“...Como el pasado no tiene tiempo, y el ayer se junta allí con la fecha de diez años atrás...” 

“...nadie amó a mujer alguna con la fuerza que yo amo su ruindad, su definitiva manera de estar hundido en la sucia vida de los hombres.” 

¿Era este amor al Bob ruin, lo que tanto atraía al pobre diablo enamorado? ¿Era el poder unirse a Bob en esa fascinación por lo estúpidamente masculino, unirse a ese desecho humano en el que se convierte al final después de un pasado que, por su juventud, se le suponía limpio? 

Tal vez fue así, porque un deseo tan pertinaz como el del protagonista no caduca, porque el pasado no tiene tiempo y no cambia, y porque pervive oculto en el deseo que luego se convertirá en destino. Digamos, pues, que la fascinación por Bob ganó al amor. 

Y así fue como el chico de la peli no luchó por la chica, en aquel tiempo en que ellas tenían que ser cedidas en matrimonio por el padre o por un hermano celoso de sí mismo que se arrogaba el poder de decidir sobre el futuro de la otra persona. 

De nuevo los dos se hombres encuentran como al principio, y vemos otra vez a los antiguos rivales de los que sólo supimos el nombre de uno y de los que solamente vimos poses; dos hombres escasos y errados en su virilidad, que se mueven en un espacio casi inconcreto e inmersos en un presente incierto. Así es como Onetti nos lo cuenta en este relato oscurecido, sin que haya por medio un tiempo claro. Es la ceremonia de la confusión. Es un decir que no dice, pero que sin duda acierta. Es el genio. 

El protagonista se venga de Bob esperándolo en el pasar de la vida en donde se ha casado con una mujer a la que llama “mi señora”, inmerso en la terrible vida rutinaria en la que ya no se pueden poner a las cosas nombres nuevos porque ya todo es sólo costumbre. 

“...ya queda en paz en medio de sus treinta años, moviéndose sin disgusto ni tropiezo entre los cadáveres pavorosos de las antiguas ambiciones, las formas repulsivas de los sueños que se fueron gastando bajo la presión distraída y constante de tantos miles de pies inevitables”. 

La vida que pasa sobre todos sin compasión, el tiempo cumplido, el tiempo inútil que no resuelve nada. 

Extraordinario relato del uruguayo. Extraordinaria frase del silencioso final.


Mª José Martínez

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